Las perspectivas de la industria del libro en Argentina

Publicado en revistaenie.clarin.com

Si el año pasado la mirada estaba focalizada en la concentración de los grandes grupos editoriales (el Grupo Penguin Random House adquirió recientemente Santillana, Aguilar y Debate y se consolidaba como el otro titán frente al Grupo Planeta) y en el aire reinaba, sin embargo, un afable viento de optimismo, este año el mundo editorial se muestra en guardia. Mientras los grandes conglomerados avanzan confiados en lo que pueden ofrecer, las pequeñas y medianas editoriales conservan la oferta variada pero alertan sobre el aumento de los costos, la recesión y la necesidad de consolidar una unión que les permita surfear un horizonte que vislumbran complejo. A tres meses del levantamiento de los controles a la importación, la industria está expectante. 

En el primer trimestre de este año, las importaciones crecieron un 40 por ciento (esta cifra engloba los libros que se editan fuera de la Argentina y los que se producen acá pero se imprimen en otros países) y las exportaciones se redujeron un 5 por ciento. En 2015, la cantidad de ejemplares publicados bajó de casi 129 millones en 2014 a 82,69 el año pasado. Del total de volúmenes publicados, el 17 por ciento se lanzó en formato digital, mientras que el 83 por ciento restante se publicó en papel. Los datos provienen del Informe Anual de Producción del Libro en la Argentina de la Cámara Argentina del Libro (CAL). El día de la presentación de esas estadísticas, el vicepresidente segundo de la institución, Luis Quevedo, sostuvo:“El libro que se manda a hacer a un tercer país perjudica a la industria y puede llegar a generar desinversión y desocupación”. En las editoriales independientes se mantienen alertas porque creen que los costos serán los que marquen en un punto el ritmo de las jugadas. “Las cuestiones más importantes ahora son la recesión y la inflación. La gente no tiene dinero para comprar libros y los insumos para reimprimir cada vez están más caros. Sentimos que el gobierno abrió las importaciones, pero sin embargo el papel y los insumos siguen estando carísimos y no hay competencia. Cada vez escuchamos de más gente que manda a imprimir a China. Para nosotros eso estaría bien porque la industria editorial argentina nunca nos tuvo contemplación y la variedad de materiales es mala –hay pocos papeles–, pero por el volumen pequeño a veces no conviene”, explica Lola Copacabana, de la editorial Momofuku, que en el último tiempo ha publicado Los infames , de Maximiliano Crespi, y Bebé y otros cuentos , de Paula Bomer. Desde Ediciones Godot, Hernán López Winne, por su parte, analiza la situación actual: “Lo que creo es que, no tanto por la apertura de importaciones sino por la devaluación, muchos costos se dispararon, principalmente imprenta y papel, y eso afecta no solo a las pequeñas y medianas editoriales sino a las imprentas locales, que además, ante la apertura de importaciones, también pueden tener que empezar a competir con imprentas de China o Taiwán”.

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