Adolfo García Ortega: “hay una etiquetación permanente, siempre lo etiquetamos todo”

Editamos esta entrevista justo cuando salta a la actualidad la noticia que confirma la existencia de un escrito de 2.000 años de antigüedad que contiene un retrato de Jesús ¿Fue el “Rey de reyes” ese personaje poderoso que aparece en los evangelios cristianos o existió otro Yeshuah al que la historia y las creencias han mitificado? Adolfo García Ortega ha investigado sobre esta cuestión y fruto de ello es su novela “El evangelista”, enmarcada en la convulsa época de Tibero, caracterizada por las revueltas populares. Por  Teresa M. Peces

 

  • Eres escritor, editor, traductor… ¿Dónde está la frontera? Porque tu profesión es el libro…
  • En Francia se denominaría “hombre de letras”. El libro ha formado parte de mi vida siempre, y desde los 15, 16 años escribir es lo que he querido hacer siempre. Pero hay que ganarse la vida y siempre he buscado, dentro del ámbito del libro, profesiones que me permitieran salir adelante, unas veces con precariedad y otras más holgadamente. Enseguida encontré una línea en la crítica literaria en diversos medios, pero ahí te generabas más enemigos que amigos. Después entré en la Administración, en el Ministerio de Cultura  y ahí conocí todas las cuestiones del mundo del libro desde las instituciones. De ahí dí el salto a la empresa privada haciendo libros de no ficción, de actualidad. La propuesta de integrarme en Seix Barral fue el auténtico maridaje entre mi profesión y mi vocación. De todo lo que he hecho lo que se ha mantenido siempre es mi labor de escritor. Escribo también algunos artículos para medios porque me interpela mucho la realidad y traduzco por deporte y porque es una maravillosa escuela para un traductor poder ver cómo resuelven algunas situaciones otros escritores. Se aprende muchísimo. Mi concepción del libro es esférica. Lo que menos me siento es editor. Porque tanto en la crítica literaria como en la edición la clave está en el NO, siempre hay que decir que no a algún libro, alguna crítica y eso genera enemigos.

 

  • ¿Cómo ves el panorama editorial donde grandes grupos de edición más condicionados por el resultado comercial de la venta de libros conviven con editoriales pequeñas cuyas apuestas son más literarias con una identidad propia?
  • Hay una complementaridad  entre los grandes grupos que buscan la rentabilidad de las grandes cifras y las editores más independientes que, administrando de otra manera su paquete económico, pueden hacer más por los libros literarios, yo creo que la literatura se ha ido reforzando en los sellos independientes porque realizan un catálogo que otorga gran identidad al sello. Siempre ha sido así. En España las editoriales pequeñas aventuraban lo literario que luego los grandes grupos fagocitaban. Yo siempre he publicado en editoriales literarias, me he hecho siempre amigo de los editores con los que he editado: Ana María Moix, en Bruguera, en Seix Barral,  Elena Ramírez, Joan Tarrida, en Galaxia Gutenberg -al que conozco desde hace más de 30 años-. Este tipo de editores son garantías de que la literatura va a seguir teniendo salidas adecuadas y  dignas. En todo el entorno literario hay un agente fundamente que siempre se obvia y es el de los medios de comunicación. Son el balcón o la vía porque gracias a ellos muchos libros llegan a alguna parte o a ninguna. Estamos en un país en el que, para bien o para mal, se han  puesto muchas etiquetas, muchos clichés, marcados previamente por los prejuicios o gustos de los medios de comunicación. Cuando solo había unos pocos medios en papel, ellos marcaban la  tendencia y apostaban por unos autores y dejaban a otros fuera. Ahora que todo es más plural, más digital, la influencia es más populista, se potencian autores y autoras cuya calidad literaria es floja en comparación con otros libros editados con mayor gusto.

 

  • ¿La importancia de la recomendación está ahora en las RRSS?
  • Yo creo que todavía no ha llegado a sustituir a los medios de comunicación. Tienen un papel determinante en muchos aspectos de la vida (política, por ejemplo). Esto tiene una ventaja y un peligro, la ventaja es que al estar más intercomunicado los lectores es más inmediata la conexión entre ellos y explicar sus gustos y preferencias,  y quizá eso pueda traducirse en ventas. El riesgo es que los criterios de calidad simplemente se diluyan en el mero gusto inmediato, o un gusto menos formado o un gusto muy arbitrario. La pregunta es: ¿las redes sociales están cambiando nuestra relación con la cultura y la sociedad? Sí y están también cambiando nuestra relación y vinculación con el libro.

 

  • Decías en una entrevista que el escritor tiene la obligación de formar al lector y Ernesto Pérez Zúñiga piensa que la literatura en España se ha nivelado a “lo raso” ¿Tenemos actualmente buena literatura en España?
  • Hay buena literatura en España, en Europa y en general en todas las sociedades que han permitido un desarrollo cultural y económico. Sí hay muy buena literatura, el problema es que en el concepto libro cabe todo: la buena literatura, la mala, libros que no son literarios… y la confusión surge cuando alguien califica como buena literatura libros que vienen a ocupar un mero tiempo de entretenimiento o el espacio de un público que demanda una literatura sin  muchas exigencias. Cuando se genera esa confusión ya todo vale y se pierden las fronteras. Hay libros en los que se redescubre la buena literatura en una segunda lectura, no en la primera, normalmente la buena literatura no es fácil de leer. El lector y el escritor normalmente manejan dos planos distintos, es como si compitiesen en un libro. Cuando el escritor literario quiere ser muy popular, tiene que ser consciente de que tiene que rebajar sus exigencias literarias.

 

  • Mantenemos, entonces, la clasificación de autor de culto y autor de bestsellers…
  • Esos dos extremos en el fondo tampoco son justos, tienen connotaciones. Cuando se habla de autor de culto se está diciendo sutilmente: este autor no vende, es aburrido, no funciona… y no es verdad, hay autores que culto que venden menos que los bestsellers y hay autores literarios que no son nada aburridos. Es una etiqueta muy simplista. Esto me lleva a una reflexión sobre el mundo que vivimos en libros y literatura, hay una etiquetación permanente, siempre lo etiquetamos todo… todo se reduce a una etiqueta. “Autor de culto” es una mala etiqueta es negativa, “bestseller” es demasiado simplista también para aquellos libros que tienen una calidad literaria no exquisita, pero sí alta, que venden bastante, pero etiquetarlos de ese modo es como decir “es para tontos”. Son extremos radicales. Los medios de comunicación deberían matizar más sobre estas etiquetas.

 

  • Hablando de etiquetas y matizando… ¿“El evangelista” es una novela histórica o evangelio apócrifo?
  • Es un evangelio apócrifo, totalmente…  pero también es una novela histórica que está ambientada en la época del emperador Tiberio, en una época que se recoge en los evangelios, pero ya se sabe que estos fueron escritos 50 o 60 años después de que pasaran los acontecimientos. Yo he escrito un relato en primera persona por alguien que fue testigo presencial . Es un personaje descreído, que mira los hechos sin creérselos  de ese movimiento revolucionario patriótico que dio origen al cristianismo, Y él los cuenta sin ningún elemento religioso. Es una novela histórica que simula un evangelio apócrifo.

 

  • Está en la línea, pero evidentemente sin tanta fantasía, de “Caballo de Troya” de JJBenitez…
  • No era mi intención rememorarlo porque no es una literatura de la que esté cerca, no he leído “Caballo de Troya”. Lo que he buscado son referencias de escritores más cercanos que han tratado la figura de Jesús;  Kazanzakis, Saramago, DH.Lawrence, Thornton Willis. He buscado un tono que no sea el de novelista al uso, he buscado un lenguaje muy neutro que diera mucha visibilidad a los hechos que se narran. Es un libro hecho con piedad y compasión hacia el lector y hacia los personajes.

 

  • ¿Cómo llegó a ti la novela? Porque tú te declaras ateo y dices que la figura de Jesús no te interesa…
  • Como de Jesús no se sabe nada, el Jesús cristiano no me interesa, siempre he pensado que detrás de esa figura, que luego se ha declarado como Cristo, podría haber algo que fuera interesante. He tardado años en descubrirlo y el interés real es que había una época y un movimiento, una política y un contexto histórico donde surgen figuras visionarias, mesiánicas, mágicas y con un sentido de sublevación con las masas muy alto. Esto coincide plenamente con los tiempos actuales. Digamos mejor que los tiempos actuales tienen muchos elementos que coinciden con épocas pasadas donde se daban fanatismos, patriotismos, nacionalismos… y como todos los nacionalismos tienen un contenido religioso importante.

 

  • Pero no tenemos un Yeshuah…
  • No, pero tenemos gente como Iskariot Yehudá que manipulan y presentan Yeshuahs que son gente ambigua, callada, interpretable que los presentan como líderes, reyes o salvadores… en esa época había gran violencia política y sentido de intransigencia moral  e identitaria que recuerda mucho a la que vivimos hoy por hoy, en mayor o menor grado: la islámica, la yijadista, la cristiana-europea.. Volvemos a patrones que ya han existido previamente.

 

  • ¿A quién le va interesar tu novela?
  • Este libro seguro que tiene varios tipos de lectores. Los que ya la han leído y me han comentado, primero les gusta mucho, luego les sorprende y  encuentran una perspectiva que no  pensaban que podían tener respecto a una historia que ellos han “mamado” como religión. Puede interesar tanto a los que conocen el evangelio porque lo pueden analizar de forma diferente, a los jóvenes que están al margen de la religión y pueden descubrir una historia diferente y curiosa y también puede interesar a un lector exigente literario que puede encontrar una metáfora comparativa con los momentos actuales políticos. El libro es muy respetuoso pero yo intentaba hacer una bomba de relojería en el  seno de las intransigencias y las purezas ideológicas y políticas.

 

  • ¿Piensas en el lector cuando escribes?
  • Yo pienso, como Nabokov, que al lector hay que ofrecerle algo interesante, algo que le haga pensar y algo que le emocióne, pero que no se lo espere. Esas son las bases de la novela, según mi punto de vista. Cuando hago eso también pienso que no puedo darle algo al lector que no entienda, que no acepte o lo rechace. Sí que pienso en el lector, pienso en cómo darle de la manera adecuada algo que le va a gustar. Lo que no pienso nunca es en las tendencias literarias del momento.

 

  • ¿Tienes un lector fiel?
  • Hombre… sí algunos que se leen todos mis libros. Me sigue sorprendiendo que en los eventos siempre aparezca alguien diciéndome que se ha leído alguno de mis libros. Me siento orgulloso de que me haya encontrado con poca gente que me diga no le han gustado mis libros. No soy autor de masas, obviamente, pero hay una franja de lectores que siguen mis libros.

 

  • ¿Cómo te has documentado para una época tan confusa?
  • He buscado, claro, de los evangelios, tanto los sinópticos como los  apócrifos, he hecho una mezcla y lo he contado al revés de cómo normalmente secuenta.  Con una intención política. También me he documentado muchos libros de Historia de las Religiones, algo que debería ser obligatorio en todos los centros educativos para entender la sociedad. Seríamos mucho más tolerantes, mucho más compresivos con los demás y tendríamos muy claro que las religiones deben quedarse en ámbito personal e íntimo, no debería ser nunca un hábito social, ni público, ni político. La religión siempre ha intentado manipular a la población, y a los que no creen los eliminan. Siempre hay una casta que determina qué es lo bueno y lo malo.

          ¿Qué esperas con esta novela?

  • Espero que mucha gente se cuestione cosas de su propia religión si es que la tiene, que también se cuestionen cómo llegan a la gente los mecanismos de populismo que siempre suelen estar manipulados. Y me gustaría que se leyese en dos claves, política y como una novela deliciosa y literaria.

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