Miguel Hernández, el santo laico al que despreció la Generación del 27

Miguel Hernández nada más morir entró en un perpetuo silencio. Muchos creyeron, incluso gente cercana, que no iba a pasar a la historia y que su obra se olvidaría poco tiempo después. Casi sin querer, se convirtió en un símbolo de poeta oculto que había muerto en una cárcel franquista. Sin embargo, nunca terminó de desaparecer por la constante pugna de la derecha y la izquierda española por convertirlo en un mártir político.

“De alguna manera”, explicó José Luis Ferris, biógrafo, en el curso de verano de la Universidad Complutense dedicado al autor y dirigido por el periodista José Manuel Carcasés, “los franquistas intentaron salvar su recuerdo diciendo que, a pesar de haber militado en las filas del comunismo y luchado en la guerra, fue un hombre católico y murió católico”. Mientras que desde la izquierda sólo se escogió una parte de su obra para mostrar la imagen de un “poeta beligerante en el frente”. Dos recuerdos enfrentados que le convirtieron en el mito de la contienda, en el santo laico al que despreció la Generación del 27.

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Fuente: El Mundo

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